Réquiem por Franklin Brito

Franklin Brito. Fuente: Google Images

El justo tendrá recuerdo perdurable, no temerá los embates del mal…

El lunes 30 de agosto, recibí un desgarrador SMS de la autora del blog Generación Y, Yoani Sánchez: “ya Chávez tiene su Zapata”, haciendo referencia a la muerte en huelga de hambre del campesino venezolano Franklin Brito, a quien el gobierno de Hugo Rafael Chávez Frías le había confiscado con amañadas enmiendas constitucionales las tierras de su propiedad.

Se repetía en sólo seis meses la muerte de un hombre en huelga de hambre en demandas que les fueron negadas por los gobiernos que desgobiernan sus países (Cuba y Venezuela), Orlando Zapata Tamayo, La Habana, Cuba, 23 de febrero y Franklin Brito, campamento militar, Venezuela, 30 de agosto. Ambas muertes han conmocionado al mundo democrático, en especial a aquellos que hemos sufrido de forma prolongada la más cruenta dictadura de América (El Castrismo) y el presidio político.

Yo, que fui testigo y viví los desmanes que sufren los prisioneros políticos en las cárceles cubanas por quince meses y tres días, sufrí especialmente a causa de los atropellos y golpizas que soportara el mártir del presidio político cubano Orlando Zapata Tamayo.  Por eso, ante esta noticia, sólo atiné a tener un momento de recogimiento y elevar a Dios con lágrimas en los ojos una ferviente oración por las almas de estos dos hombres.

Desde mi vocación sacerdotal no apoyo la huelga de hambre, aunque la reconozco como medio de lucha y de reclamo. Considero además que la integridad de quien la haga no puede ser cuestionada por nadie y mucho menos por una doctrina.

La iglesia nos enseña a cuidar a toda costa nuestro cuerpo, por ser la morada de Dios. Las sagradas escrituras nos dicen: todos los pecados contra Dios Padre te serán perdonados, todos los pecados contra Dios Hijo, te serán perdonados, pero no así contra el espíritu Santo, cuyo templo y refugio es el cuerpo.

En mi oración le decía a mi Dios: “Señor y a estos gobernantes que NO son capaces de acceder a las justas demandas de estos hijos tuyos, que se proclaman a conveniencia y por épocas cristianos e hijos de la iglesia, ¿qué parte de la culpa de estos mártires les corresponde?”. A la vez,  le daba atrevidas respuestas a mi Padre, en aquella conversación entablada: “creo, Señor, que a estos dignatarios les corresponde expiar las tres cuartas partes de esas faltas”.

Acoge, Señor,  en tu Santo seno el alma de tus siervos, Orlando Zapata Tamayo y Franklin Brito y concédele una morada de luz y de paz eterna.

AMEN

Rev. P. Ricardo Santiago Medina Salabarría